realismo virtual.


     como todas las buenas ideas de mi vida, ésta apareció dentro de la cabeza de un tercero, pero tuve suerte y me la pude quedar.
     el turco jawadián y yo estábamos en casa de HjDs, muertos de calor, tomando uno de esos jugos brasileros que vienen en polvo y dicen tener sabor a fruta. hablábamos de lo que por aquella época considerábamos literatura (versos en distintos puntos en la escala que va de pésimo a más o menos) y escuchábamos algún disco de los redondos.

[pausa de advertencia al turco jawadián: teniendo ambos bien presente mi selectiva falta de memoria, te aviso desde ya que esto es una recreación (versión libre, si querés) de lo que realmente pasó. estoy seguro que vos recordarás lugares, fechas y brebajes exactos, pero ya sabés que a diferencia de vos a mí me importan una mierda las exactitudes. de hecho, ahora que lo pienso, creo que vos no estabas cuando a H se le ocurrió lo del realismo virtual, así que, ¿por qué me rompés las pelotas si no sabés cómo fue?]

     bueno, como decía: estaba en casa de H, escuchábamos a la chancha francisca y tomábamos café para tratar de sacarnos el frío del cuerpo. cada uno tenía delante un cuaderno con algunos poemas del otro que revisábamos para luego comentar. no llegaba a ser material bueno, pero ninguno bajaba del más o menos; o sea que todavía teníamos esperanzas de mejorar.
     entonces la puerta del cuarto se abrió y entró la madre H cargando una bandeja con una botella de refresco helado y dos vasos.
     -acá les traigo la coquita que me pidieron -dijo mientras dejaba su carga arriba de la mesa y algunas gotas de agua condensadas en la botella volaban hasta nuestros papeles.
     -¡no te pedimos nada, mamá!
     aquello era un poco patético. el tipo, aún en aquel tiempo, ya no era un adolescente; tendría unos treinta años, y discutiendo con su madre acerca de si había o no pedido una "coquita" no parecía particularmente maduro.
     -ándate, ándate, ¿no ves que estamos trabajando? -gritaba H y la corría a empellones de la pieza.
     fue en ese momento que apareció:
     -realismo virtual -dijo él mientras cerraba la puerta y ejecutó un par de risitas que se parecían demasiado a toses-. como el realismo mágico, pero sin la magia.
     -me gusta -dije-, pero, ¿de qué va? ¿lo que escribimos es eso, como si fuera una corriente literaria?
     pero no supo explicarme. H solía hacer eso, decía algo que sonaba bien modificando una frase ya existente y listo. me recordaba a los bebés cuando están en esa etapa en que levantan las patas y las manos, las miran, las mueven y se ríen. creo que de alguna manera él, igual que los bebés, prueba hasta dónde se extiende y en qué punto se termina su ser para empezar el resto del mundo; sólo que en vez de ser un ejercicio/aprendizaje corporal, se trata de uno psicológico y lingüístico que no lo lleva a ninguna parte.
     sea como fuese, no dejé pasar aquella frase, me gustó, así que la anoté. y durante los siguientes años me dediqué a buscar el tipo de literatura con el que pudiese llenar aquella idea y transformarla en un concepto. hasta que llegué a los cuentos que escribo hoy. y basado en ellos es que puedo decir que las características principales del realismo virtual son:

     ·historias narradas, principal aunque no exclusivamente, en primera persona (es que hablo de mí, no puedo contar las historias de otra manera).
     ·cuentos escritos con el mismo lenguaje que uso para hablar (no me fumo a esos tipos que que te escriben novelitas en un lenguaje antinatural y académico).
     ·historias atravesadas por un sentimiento de desprecio hacia casi todo el mundo (porque así es como suelo sentir).
     ·personajes absurdos y patéticos y ofensivos y mal hablados (como yo y la mayor parte de las pocas personas que soporto).
     ·situaciones absurdas y patéticas y ofensivas (como casi todas las cosas que me parecen dignas de ser contadas).
     ·situaciones reales y ficticias mezcladas (la idea es que no haya división entre lo que realmente alguna vez me pasó y lo que me inventé para el cuento. pretendo, el día que esté viejo y senil, creer todo lo que hay en los relatos al releerlos y pensar que mi vida fue así).

     y creo que por ahí andaría todo: historias virtualmente reales.










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