el plástico derretido en el café con leche.

por las malas,
a hugo burel.
por las buenas,
a junnecus.

     hay tipos con talento en el ámbito de la literatura. tipos que te pueden contar las cosas más descabelladas o guarras de un modo que aunque no las entiendas te emocionás hasta las lágrimas. no necesitan ser serios o profundos de un modo académico. les basta con ser auténticos.
     por supuesto que toda torta frita (como buena rueda que es) tiene dos lados.
     en el otro hemisferio están los que te escriben bruta novela, con todos los artilugios y detalles del género, con un trazo límpido como uno sólo puede imaginar, pero donde no hay vida. y donde más fácilmente se nota eso es en los diálogos: siempre dicen "utilizar" en vez de "usar", "necesitar" en vez de "precisar". "en lugar" en vez de "en vez". todo suena correcto y rígido como una media sucia y vieja. no todos hablamos bien, no funciona así el mundo, ¿y qué tiene de malo? ¿esas impolutas novelas son tan GRANDES que están por encima del realismo de sus propios personajes? porque eso es lo peor, te las venden como joyitas del realismo o el costumbrismo.
     de más está decir que el primer tipo de escritores no es precisamente el más popular. no sé por qué, quizá porque las señoras bien que compran un libro tienen una idea ya formada acerca de todo ("los doctores son así, y el lumpenaje es asá, y los amantes son así, y las señoras somos de esta otra manera... ") y no quieren que ningún nabo desprolijo que no terminó el liceo les venga a escribir otra cosa.
     yo escribo como hablo. uso las mismas palabras, casi de la misma manera. trato de que mi arte pase por el equipo que forman la idea, el estado de ánimo, la naturalidad y algún otro par de cosas que debo estar olvidándome.

     el problema de empezar algo a las ocho de la mañana, cuando todavía se está un poco dormido, y tratar de terminarlo doce o trece horas después es que uno se olvida un poco, pierde el hilo.
     pero la idea básica es que no me gusta el plástico derretido en la taza del café con leche. es decir, cualquier tipo de esos que para sentarse a escribir en su casa antes que nada se ponen la camisa y la corbata puede escribir el kibalyon. pero ni su carrera como periodista ni su doctorado en derecho ni su prosperidad capilar van a darle verdadero valor a su texto si no es honesto.
     ya me acordé. ése era el carozo del asunto: la honestidad intelectual. ni todo el talento del mundo ni todos los editores inescrupulosos del planeta ni todo el Gran público del universo pueden llenar el vacío que debería ocupar la honestidad intelectual.
     eso es lo que pienso, ¿algún problema? vamo pa fuera que te voy a romper tu bibliografía, te voy a romper.











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